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martes, 13 de febrero de 2018

Sapo Saltarín Saltador de Trampolín.



Uno, dos, tres, cuatro...
Un sapo en tu vaso se ha colado dando un salto.

- Hola, soy un sapo aprincesado.
¿Te importaría darme un beso encantado?

- ¿Qué? ¿Que te de un beso? ¿Yo? ¿A ti?
¿Y que me llevo yo a cambio?

- ¡Un apuesto príncipe azul!
¿Acaso no lo quieres?

- ¡Buah! eso son tonterías de librería.
Un sapo es un sapo y nunca se convertirá en un príncipe encantado.
Búscate una rana o si lo prefieres una sapa.

- ¿Y que te hace estar a ti tan segura de que no me convertiré en un apuesto caballero?
Yo lo he visto en los cuentos. Y luego nos casaremos y tendremos hijos; y también nietos.

- ¡Sí claro! Y un palacio de paredes de chocolatina.
Demasiadas películas me parece que a mí que a visto usted señor sapo.
Según lo que cuenta, podría ser yo la que me convirtiese en una rana.
Como alguna otra película de dibujos por ahí habla...
Aunque para variar, siempre acaban igual:
"Y fueron felices y comieron perdices... bla, bla, bla.""
Y a mi...¡no me gustan las perdices!
Aunque en realidad... nunca las he probado...
¡Y salga de una vez de mi vaso señor sapo!

- Venga... porfi... acerca esos morritos...
y dame un pequeño besito...
Tan sólo quiero comprobarlo
y si no pasa nada, te prometo que desapareceré dando un salto.

- ¡Que no insistas! Ya te he dicho que no, sapo pesado.
Creo que me voy a ir a comer un helado.
Que será más interesante que estar aquí, a tu lado.
Ya me he cansado de cuentos amuermados, cursis y estandarizados.
Ya elegiré yo a quién quiero dar un beso, ya sea un príncipe
o un apuesto panadero, fontanero o marinero.
Tú vuelve a tu charca y mírate en el reflejo del agua,
sonríete y se feliz con quien eres,
siendo sapo saltarín, saltador de trampolín.
Y deja de ir metiéndote en los vasos de la gente.

- Marta, ¿Nos vamos al parque un rato?
- ¡Sí mamá! ¿Podemos comprar un helado?
- Ya veremos, pero venga, lleva el vaso a la cocina y date prisa.
- ¿Puedo llevarme esta muñera y la figurita del sapo?
- Está bien, pero ten cuidado, no los vayas a perder.
- No te preocupes, sólo vamos a buscar un charco...

Uno, dos, tres, cuatro...
Una muñeca en tu charco se ha colado dando un salto.





domingo, 4 de febrero de 2018

El viaje


Desde aquí lo único que puedo ver son los tejados…

¿Acaso no te parecen bonitos? Espera, espera, no digas nada y obsérvalos por un momento. Todos esos tejados curvados, unos altos y otros bajos; la mayoría anaranjados pero si te fijas bien podrás ver algunos abovedados e iluminados por el reflejo del sol.

 Pero… yo no los veo anaranjados ni abov…

Calla, no digas nada… ¡Claro que lo son! ¿es que no lo ves? Tan solo observa con tu mirada y descubrirás la belleza de los tejados de Estambul. ¿Ves allí a lo lejos? Ese es mi “tejado” favorito, esa gran cúpula azul con pequeñas bóvedas alrededor, vigiladas y protegidas por sus guardianes, esos minaretes altos y puntiagudos ¿Ves todo lo que te digo? Allí, a la distancia.

¡Ah, sí! Ya lo veo. 

Pues esa es la llamada Mezquita Azul. Es preciosa ¿verdad?

Sí lo es sí. ¿No podríamos acercarnos hasta allí para verla mejor?

Sí, ya desempaquetaremos las maletas más tarde y no hace falta que nos cambiemos, tú con esa blusa de lunares vas la mar de guapa. 

¿Tú crees?

Desde luego. Y estoy pensando que según nos dirigimos hacia allí pasaremos por el Gran Bazar, donde las horas se nos irán de las manos sin darnos cuenta, es como si dentro del bazar hubiera una magia especial, un olor particular. Yo creo que es culpa de todas las especias que tienen, junto con el olor del cuero que rodea el ambiente; ambos aromas te embriagan y hacen que deambules por ese laberíntico mercado lleno de maravillas turcas; lámparas de mil colores, alfombras de Aladdin, zapatillas puntiagudas, telas, velas y las famosas delicias turcas. Todo lleno de colores, todo lleno de texturas y perfumes. Y no te asustes si de vez en cuando escuchas la característica llamada a la oración que avisa a las personas de religión que es la hora de ir a la mezquita.

 Veo que te conoces bien la ciudad.

Sí, estuve viviendo allí por un tiempo; cuando era más joven. Unos cinco años antes de que nos conociéramos.


El sonido de alguien llamando a la puerta les interrumpe la conversación.

-  ¡Se me había olvidado! En este fabuloso hotel te regalan una cena de bienvenida. – dijo a la vez que miraba su reloj. – Veamos que nos traen.

Entretanto una amable mujer entra a la habitación con una bandeja de humeante comida.

 Si te soy sincera, no tengo mucha hambre.

Mejor será que comas algo, necesitas energías para recorrer la magia de Estambul.

A si… claro… lo había olvidado; Estambul…

 Mira que pinta tiene este pollo con miel y de postre te han traído baklava. No te podrás quejar…

Ella no tuvo por menos que sonreír a la vez que se sentaba a degustar su cena de bienvenida turca.

 La verdad que sí que estaba rica la cena, mejor de lo que me esperaba. – dijo a la vez que un bostezo de asomaba por la comisura de sus labios. 

 Bueno, creo que debería irme y tú tienes que descansar.

Sí, estoy algo cansada la verdad.

-   ¿Quieres que te ayude a meterte en la cama?

No, no te preocupes, me voy a quedar un rato más aquí sentada; mirando por la ventana y observando esa Mezquita Azul de la que tú hablas.

 Está bien, mañana nos vemos, descansa. – Le dijo a la vez que le daba un tierno beso en la frente.

 ¡Oye! – dijo ella justo antes de que desapareciera por la puerta. - ¿Me llevarás algún día a Estambul? Me refiero… de verdad.

Sí cariño, no te preocupes, ese será nuestro primer viaje cuando te den el alta. – le contestó con una sonrisa.

Y ahí se quedó, mirando por la ventana con su pijama de lunares. Una ventana por la que tan sólo podía ver los viejos y grises tejados del hospital. Se quedó mirando y diciéndose a sí misma que pronto descubriría esa ciudad desconocida. 

A la mañana siguiente, al despertarse, encontró un sobre en la mesilla, un sobre que contenía dos vuelos para Estambul para dentro de unos largos meses. Sonrió a la vez que una lágrima le resbalaba por la mejilla de la emoción. “De aquí a nada terminará este viaje personal que comencé ayer y en poco tiempo estaré más que recuperada. Entonces, otro viaje comenzará, destino: Estambul, y podré adentrarme en los olores y la magia de esa ciudad. Gracias...” se habló a sí misma. Y se volvió a quedar dormida con los billetes fuertemente agarrados con las dos manos. Y soñó, soñó que caminaba por el Gran Bazar con una camisa de lunares rojos y de frente, se encontraba con la inmensa belleza de la Mezquita Azul.




lunes, 21 de agosto de 2017

La boda de un Jedi

Como ya sabéis todas las historias tienen un comienzo, un empiece peliculero un ‘Había una vez’ o un ‘Erase que se era’. Pero no es el caso de esta leyenda, de este conjunto de palabras que unidas forman un cuento, una narración de origen galáctico; y es que el amor que se esconde entre estas letras es más poderoso que las mismas fuerzas que hacen que el universo se mantenga eterno.

Comencemos…



Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, había un valiente y sinvergüenza piloto. Este piloto era conocido por su locura innata, por su fuerte positivismo y su insaciable necesidad de aventura. Este piloto y además contrabandista llamado Adrián Solo volaba a través de las estrellas montando en su Halcón Milenario (aunque si os soy sincera, creo que tan solo se trataba de un caballo que después sería una motocicleta). Volaba sorteando planetas, meteoritos y cometas, siempre contando con el apoyo de los arrastrados, quiero decir… de su fiel compañero y amigo Chewbacca. Juntos se adentraban en los peligros de las montañas de la Pedriza, donde con la ayuda de este piloto y líder de la Alianza Rebelde conseguían completar la misión de llevar tan solo 20 pertenencias en la mochila, y así poder correr entre los montes más rápido, en el caso de que los soldados de asalto del imperio galáctico diesen con su secreta localización (y quien dice soldados de asalto dice zombies en pleno apocalipsis). La base rebelde oculta y escondite de reuniones se encontraba en ese deseado jardín con piscina, ubicado en el planeta Yavin; donde las horas conversando se hacían infinitas. Y la azotea, era la torre de vigía desde donde protegían la ciudad apuntando con sus pistolas bláster siempre alerta a cualquier posible ataque. 

Esta persona de la que hablamos podía tirarse horas montando y planeando batallas en maquetas coloreadas; así como inmerso en la creación de objetos y muebles usando su mayor material de contrabando; los pallets que por ahí se iba encontrando. Otra de sus grandes misiones de vida era su dedicación a la enfermería, preocupado por la salud y el bienestar de las personas de la Alianza.  En su tiempo libre Adrian Solo, solía irse a cazar búfalos nocturnos acompañado de la música y el baile y cuando sonaba el 'Single Ladies' se convertía en el rey de la pista y ¡no había quien le parase!

Adrián Solo era y es, un gran defensor de la paz y la justicia. Así como un amigo de gran poder y sabiduría ya que en cualquier momento de necesidad él siempre va a estar ahí, a tu lado, para darte apoyo, escucharte y narrarte uno de es,os largos sermones propios de él, con los que se asegura que la persona con la que habla se sienta reconfortada a través de esas palabras pronunciadas desde la sinceridad y el corazón. Aquí hablamos de un seguidor del lado luminoso de la Fuerza al cual estamos orgullosos, nosotros la orden de los Arrastrados, de poder entregarle hoy un certificado profundamente merecido. Pues nos encontramos ante un verdadero Jedi.

Bueno continuemos con nuestra historia; pues este joven y alocado piloto no ha llegado aquí solo, sino que se encuentra bien acompañado. Y es que nuestro protagonista revolucionario se enamoró de nada menos que de una princesa, pero no os penséis que se trata de una princesa cualquiera. No, aquí no hablamos de una de esas princesas cursis con vestidos brillantes y pelo largo que esperan a que sus príncipes azules les vayan a rescatar. Aquí hablamos de una princesa de armas tomar, que no necesita a nadie para ser salvada de las adversidades de la galaxia, ya que se trata de una de las líderes más importantes la Alianza Rebelde, valiente en el campo de la enfermería y dedicada a exprimir al máximo la felicidad de cada momento de su vida. Esta princesa llamada Mélani Organa es una de las grandes heroínas de la galaxia así como una figura clave para la lucha por la libertad y obviamente para el final de esta historia.

La princesa Mélani Organa tenía fuertes lazo de amistas en muchos de los planetas vecinos ya que su alegre carácter y fuerza de voluntad la convertían en una persona querida y admirada. Esta princesa de sangre aventurera mantenía como prioridad recorrer el Universo y explorar cada uno de las maravillas que este escondía. Pero también tenía una pequeña debilidad, y esta era su atracción por los sinvergüenzas y destartalados; y digamos que Adrián Solo era conocido por su engreído desaliño.

La primera vez que se vieron fue en la Estrella de la Muerte, también conocida como el famoso Weatherspoon,  donde si os soy sincera se conocieron pero no se hicieron muchos caso. Eso cambió radicalmente en su segundo encuentro, una noche en la que ambos decidieron salir con sus amigos a una de las discotecas más famosas de la galaxia, llamada East. Allí por primera vez sus miradas se entrecruzaron creando una pequeña chispa de complicidad. Esa noche sus manos se rozaron. Juntos, bailaron. Intercambiaron susurros y sonrisas. El olor de sus cuerpos al acercarse y la atracción de sus miradas se convirtieron en un grito silenciado, en un silencio gritado.

Ahora, debían batallar el peligroso frente que les esperaba, un movimiento que únicamente el audaz Adrian Solo podría logar con la ayuda de la valiente Princesa Mélani. Ya que esta ideó una misión de rescate para liberar a Adrián Solo de su congelación en un bloque de carbonita y aunque esto les llevase a meterse a los dos en problemas, sabían que juntos, no habría nada ni nadie que les parase.

Entre tanta batalla contra el imperio galáctico no tenían ni un instante de descanso. Pero un día al encontrar un momento de tranquilidad, se pararon, se miraron haciendo que el giro de los planetas se detuviese y las manillas del reloj enmudeciesen para que el contrabandista y la princesa se dieran su primer beso.

Poco a poco comenzaron a formar su vida conjunta donde realizarían varios viajes de locura y pasión. Juntos descubrirían nuevos planetas; en el cual, en uno de ellos se harían una marca de amor permanente; así como en otro se sumergirían en las entrañas de la naturaleza y la salvaje fauna del planeta Tierra. Cada uno de estos viajes, forman parte de su inacabada colección de momentos y recuerdos. Los cuales a partir de hoy pertenecerán a un nuevo episodio.

Pasado un periodo de tiempo, decidieron continuar su aventura y tras recorrer un largo campo de asteroides aterrizaron en la Ciudad de las Nubes, más conocida como Escocia. Allí comenzaron a formar su pequeño hogar, su vida particular. Un lugar desde el que planearían un día tan importante y especial como el de hoy. Un escondite en el que hablarían usando un nosotros. Una guarida de ideas alocadas y secretos compartidos.

Y es que tras esa mirada de compromiso. Ese cálido saludo al verse que se convierte en un dulce hormigueo en el vientre. Esas palabras de amor dichas y las que no están dichas pero se quedan impresas en el ambiente, todos esos detalles son la firma más verdadera del sentimiento que enlaza a estas dos personas. Ese sentimiento es el que nos reúne hoy aquí, a todos nosotros para ser cómplices y partícipes de este día universal.

Pero no os preocupéis porque aquí no acaba esta historia ya que esta historia no ha hecho más que empezar; porque adivinad qué será lo que hoy, en este blanco acontecimiento nuestros protagonistas se dirán. Ella, le dirá “Te quiero” y él le contestará “Lo sé” y cuando se intercambien esos  anillos firmados por su amor y se den ese beso infinito podremos decir entonces que los planetas finalmente estarán alineados y la Galaxia será nuevamente libre.

Y aquí una servidora, la lectora de este cuento, habla desde el corazón de los arrastrados, tus amarillos, vuestros amigos. Y no solo con mi voz, sino con la de todas las personas aquí presentes. Todos nosotros ciertamente sabemos que vosotros, valientes e intrépidos enamorados haréis que la galaxia forme parte de un universo mejor, como lo habéis hecho hasta ahora. Y por ello, queremos haceros entrega de un pequeño recuerdo que será uno de los cuales marcará el comienzo de este nuevo episodio… y por supuesto, que no falte deciros “Que el amor os acompañe.”


Dedicado a Mélani García y Adrián Díaz. 
Gracias por hacernos pasar un día tan bonito e inolvidable.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Despensa. Campanilleo. Petición.


Para ellos era un día como otro cualquiera. Para ellos era un día normal. La navidad sólo relucía a través de la ventana porque entre las cuatro paredes la penumbra y la pobreza coronaban la casa…

De día al pequeño Billy le gustaba pasear por la calle,  caminaba despacio escuchando el crujir de la nieve bajo sus pies, observando las innumerables luces que decoraban el pueblo, sintiendo el frescor del ambiente, oyendo las risas de los felices niños y respirando la magia de la navidad. Respiraba fuertemente para intentar abarcar lo máximo posible en sus pequeños pulmones y así cuando volvía a su tenue hogar podía espirar el aire de la navidad decorando las paredes de mágicas guirnaldas y brillantes bolas de cristal. Pero eso tan solo duraba unos instantes, unos instantes en los que se le iluminaban los ojos… y luego todo desaparecía, justo en el momento que tenía que volver a respirar.

Esa noche todo el mundo estaba emocionado por la secreta visita del hombre más silencioso y llamativo del mundo. Sí, ese hombre que recorre los cielos en un trineo tirado por renos de los cuales uno de ellos guía al resto gracias a su luminosa y coloreada nariz roja que va haciendo juego con el atuendo de su adorable y risueño dueño.
Esa noche todo el mundo estaba emocionado; todos menos los habitantes de esta olvidada y polvorienta casita de la que estamos hablando, para los cuales la noche era simplemente eso, una oscura y fría noche de invierno más. Bueno, exceptuando a Billy el quinto de los siete hermanos, el cual en lo más profundo de su corazón sentía una indomable ilusión; deseaba que ese mágico hombre bonachón entrase por su hollinada chimenea con un susurrante “ho, ho, ho” y regalase a su familia la ilusión de la navidad perdida. No quería nada más, tan solo un poco de calor y magia en su hogar.

Cuando por fin todos dormían, bajó las sonoras escaleras de vieja madera corroída lo mas cuidadosamente que pudo. Le costó más de lo que tenía previsto pues en una mano llevaba un candelabro aun apagado y en la otra una caja de cerillas, un carboncillo y un trozo de hoja de papel. Cuando llegó abajo, se metió en la pequeña y vacía despensa, una vez que la puerta estaba cerrada encendió la vela de su candelabro y bajo la viva y tintineante llama se puso a escribir esa petición que llevaba tantos días redactando mentalmente en su cabeza y que comenzaba diciendo: “Querido Santa Claus, no se muy bien ni como comenzar… No soy un niño al que le guste pedir, pero esta vez me veo casi en la obligación de pedirte un gran favor…”  De repente una suave brisa acompañada de un alegre campanilleo le hizo dar un respingo. Le dio un vuelco al corazón y algo inseguro se acerco a una de las rendijas que había entre las tablas de la puerta, pensó que aun así no podría ver nada dada a la densa oscuridad que ocupaba la alcoba de la casa pero una luz salía directa de la chimenea. Él se frotó los ojos incrédulo y de repente vio como dos grandes pies acompañados de unas piernas vestidas de rojo descendían la estrecha torre de la chimenea.

Y ahí estaba, con su larga barba blanca, con sus viejas arrugas al lado de los ojos creadas por su continua sonrisa. Ahí estaba él, en mitad del salón.

- Ven muchacho, no te vas a quedar ahí escondido toda la noche – dijo a la vez que alargaba una mano en dirección a la despensa.

Billy, aun sin creérselo, salió cauteloso y despacio se acercó hacia él; llevaba en la mano la petición a medio escribir y algo avergonzado la arrugó cerrándola en su puño.

- No te preocupes Billy, supe de tu petición desde el primer momento en el que la deseaste. Tienes un gran corazón y por eso he venido a verte. No te preocupes por tu familia, pronto sentirán cómo la magia de la navidad les invade. La navidad es amor, esa es la clave. Ahora, quiero que pienses en un regalo para ti, un regalo especial.

- ¡Pero yo no quiero nada! No necesito nada…  - se corrigió al instante – Solo quiero que el calor vuelva a mi hogar, quiero que la despensa este llena o al menos… medio llena. Quiero que mis hermanos sientan la emoción de la navidad igual que lo hago yo cuando salgo a la calle. No quiero ningún regalo ni juguete caro como esos niños ricos y pomposos que tienen la idea errónea de que la navidad se mide en la cantidad de regalos que uno tenga. No quiero…

Para, para el carro… - le interrumpió Santa Claus riendo con las manos sujetándose la panza – no te preocupes por eso, como ya te he dicho, todo está bajo control. Solo pensé que habría algo que tu querrías en especial, pero si esto es todo lo que deseas… que así sea. Ahora vuelve a tu cama, no vaya a ser que nos oigan hablar, además veo que ya comienza a amanecer y aun me quedan unas cuantos hogares que visitar.

Antes de irse, Billy le dio un eterno abrazo. Ya estaba a punto de subir las escaleras, cuando Santa Claus le llamó susurrando; al mirar, éste se puso un dedo en los labios a la vez que le guiñaba un ojo en señal de secreto silenciado.

Una vez en su cama oyó como ese dulce campanilleo volvía a sonar anunciando la marcha de su inesperado visitante. Se fue… y con los ojos fuertemente cerrados Billy pidió un último deseo: “Deseo que nunca se me olvide esta mágica noche.”

A la mañana siguiente su casa se había convertido en un hogar cálido, con una chimenea encendida. Para desayunar todos disfrutaron de leche cliente con ricas galletas sacadas de esa llena despensa. Todos canturrean villancicos y charlan entretenidos.

- ¿Dónde está papá?  - preguntó Billy al no verle por ninguna parte.

- Ha salido un momento, no tardará en llegar – le contesta su madre.

Al rato entró su padre por la puerta cargando un árbol de navidad.

 - Ho, Ho, Ho ¡Feliz Navidad! Se que es un poco tarde, pero más vale tarde que nunca. Además, no os lo vais a creer pero me lo han regalado. - al ver la cara anonadada de todos su hijos decidió continuar con su explicación. - Me he encontrado a un viejo de barba blanca en un callejón del mercado y me ha dicho que me lo quedase… - dijo quedándose algo pensativo mientras revivía el momento mentalmente.

Billy sonrió, sin lugar a dudas esas se habían convertido en sus mejores navidades. Juntos, en familia, decoraron el árbol de navidad con dibujos de bolas colores y muñecos. No necesitaban más. 

Esa noche, cuando Billy se fue a meter en la cama, notó algo debajo de la almohada. Cuando lo sacó vio que se trataba de su segundo deseo, una bola de nieve con Santa Claus observando su casa. Así jamás olvidaría que esa noche fue real y que los sueños, si uno quiere, se pueden hacer realidad.
Dedicado a Sirley Zapata. :)


domingo, 6 de noviembre de 2016

Estudio. Fuerza. Desesperación.

Señora y señores, damas y caballeros, niños y niñas presten atención, estén muy atentos a esta especie de canción. Si se concentran  podrán escuchar en la lejanía la fuerza de las olas provenientes del mar y es que esta historia que brevemente os voy a contar sucedió una tarde de sol, mientras yo paseaba por la playa donde el canto de una sirena llamó mi atención, me cautivó y me guió hasta llegar a ella.

Me escondí entre las rocas y desde allí pude observar su belleza sin igual, su largo cabello largo y negro como el tizón, su cara de porcelana y su cola de sirena, tan brillante, tan elegante… También pude observar que entre sus manos tenía algo, vi como sus dedos bailarines se movían al son de su melodía, pero desde donde estaba no llegaba a reconocer qué era, por lo que me subí sobre unas rocas para acercarme un poco más, unas rocas que se movieron y me hicieron resbalar haciendo un gran ruido que asustó a la sirena que saltó rápidamente al mar y comenzó a alejarse sin tan siquiera mirar hacia atrás por lo que mi “no te asustes” quedó atrapado en el aire…


Me acerqué al lugar en el que ella había estado y ahí pude encontrar una especie de colgante con hilos de algas de colores que se enroscaban y enrollaban en una piedra preciosa de las profundidades del mar. Lo cogí, no estaba terminado; lo apreté con fuerza entre mis manos. Al dar una vuelta a mi alrededor encontré un pequeño cofre como si de dos grandes conchas unidas se tratase; dentro descubrí muchas joyas del mar, pulseras, collares, anillos y pendientes. Todas ellas hechas con runas, piedras, corales de colores y magia de sirenas…

Y tras horas de espera, sentado en la playa, oteando el extenso mar, con la esperanza de volver a ver a la sirena, me marché a casa, dejado sobre la blanca arena su caja de tesoros.

Al día siguiente nada más levantarme, volví a la playa y para mi desesperación vi que la caja de tesoros marinos había desaparecido y no había ni rastro de la sirena. Ese día volví a quedarme cerca de la orilla, y al siguiente, y al siguiente… ni rastro de la sirena ¿acaso habría sido una ensoñación?, ¿acaso había sido todo cosa de mi imaginación?

Algo me decía que tenía que ser paciente y esperar… no dejar que la espera me desesperase, ser fuerte… En mis manos, siempre sostenía ese collar que había cogido prestado y lo analizaba, lo estudiaba intentando aprender a hacerlo…

Un día conseguí terminar el collar inacabado y lo miré asombrado; de repente como por arte de magia, la piedra del medio brilló, se ilumino a la vez que el agua comenzaba a burbujear haciendo que apareciese la sirena ¡Ahí estaba!

Nadando se acercó, con sus ojos perlados me miraba y con una gran sonrisa me saludó a la vez que me acercaba una pequeña caja, como aquella de conchas que vi ese primer día. Me extendió la caja a la vez que me decía: “Estudio, fuerza y desesperación. Esas eran las tres pruebas de mi condición. Tú has demostrado superar todas ellas desde el primer día que me vistes, ahora, te dejo descubrir los secretos de las joyas del reino del mar. Ahora te dejo aprender a hacerlas y así podrás compartirlas con las personas que tú quieras, aquí en la tierra de los humanos de dos piernas.”

Tras ese día, todas las tardes, a la hora que el día atardecía, juntos hacíamos toda clase de bisuterías. Hasta que un día decidió que ya estaba preparado para hacerlas yo solo, un humano que entre sus manos envolvía piedras y runas provenientes de las profundidades del océano. Y con lágrimas en los ojos nos despedimos con una promesa que me dijo al odio “si algún día me necesitas, tan sólo tienes que acercarte a la orilla y frotar con tus dedos esa primera piedra mágica que un día cayó en tus manos.”

Ahora recuerda, si cierras los ojos podrás escuchar el baile de las olas del mar y si te concentras un poco más tal vez puedas intuir una melodía, la melodía de una sirena proveniente del reino de las piedras, la magia y las bellas algas, esas algas que a veces en la playa, se enredan en las piernas.

 Dedicado a Ana Pañuelos,
una sirena que crea bisutería que parece sacada de las profundidades del mar.

lunes, 31 de octubre de 2016

Hijos. Confianza. Amistad.

“¿Qué es la confianza?” Le preguntaron un día sus dos hijos ansiosos de conocer la respuesta.

- ¿La confianza? - Dijo ella extrañada ante tan repentina pregunta.

Estaba en la cocina, preparando un delicioso pastel de manzana, con las manos en la masa e impregnada del dulce olor de la fresca manzana. Se dio parsimoniosamente la vuelta para mirarles y al hacerlo se dio cuenta, por sus caras, que debía de ser una pregunta de gran importancia.

- ¿Qué os pasa? – les preguntó sin mas dilación.

- Necesitamos saber que es la confianza. ¿Cómo sabes si puedes confiar en alguien o no? – volvieron a preguntar con apremiante tono de voz.

- Pues… en realidad en un principio no lo puedes saber. Pero tienes que tener la confianza de confiar; si no… te limitarías a deambular en soledad. Quiero decir que la amistad se basa en la confianza. La amistad con tus amigos, con tus padres o tus tíos. La amistad con tu vecino, con tu gato o tu peluche al que abrazas cuando estás muy cansado. Sin confianza no conseguirías mantener ninguna de esas amistades. Porque la confianza debe primero construirse, crearse y creerse; y luego fortificarse según las acciones de esa persona. – un prolongado silencio acompañado de las expresiones anonadadas de sus hijos se difundieron por la cocina mezclándose con el olor de la mantequilla derretida.

Tras unos instantes, la madre cogió aire, dispuesta a intentar explicarse de nuevo ante el sentimiento de confusión que se deslizaba por la habitación.

- La confianza es… tirarse al vacío sabiendo que el otro va a estar detrás para agarrarte y no dejar que te des el golpe. Es apostar por el amigo, si él cree que lo puede hacer, tú debes creer con él. La confianza es ser uno mismo; cerrar los ojos y dejarse llevar, confiando en cada paso que tus pies den al caminar. Son los pequeños detalles que hacen la vida girar. – los niños la miraban con los ojos bien abiertos, interiorizando cada una de las palabras que su madre les decía. Y esta, proseguía. - Yo tengo confianza en mis hijos cuando me dicen que se van al parque a jugar y sé que cuidarán el uno del otro y nada les va a pasar. Y mis hijos confían en mi palabra cuando les digo que para merendar tendrán una humeante tarta de manzana preparada. - dijo al ver que sus hijos se relamían ante el olor dulce que habitaba de la cocina. - Ese grupo de personas con las que te rodeas las has elegido por algo, una de esas muchas cualidades que cumplen es la confianza. Y si conoces a una persona y aun no sabes si puedes confiar en él o en ella, es muy simple, tienes que tirarte a la piscina. Y no, no me refiero a una piscina de verdad, simplemente digo que algún día tendrás que probar y confiar. Por ejemplo… si le dejas a esa nueva persona un juguete, confiando en que te lo devuelva al día siguiente y no lo hace, lo rompe o lo pierde; ya sabes que a esa persona no le puedes confiar tus juguetes… – dijo eso percatándose de que el pequeño de sus hijos tenía un juguete que no le pertenecía fuertemente agarrado en una mano y en la otra un juguete suyo, su más, más favorito. A si que continuó – pero por otro lado, si no se lo dejas, siempre te quedarás con la duda de saber si podías confiar en esa persona o no. Y si él confía en ti, ¿Por qué tú no ibas a confiar en él?
- Eso es lo que más o menos yo le he intentado decir – dijo el mayor de los dos. – pero… no he usado palabras tan rebuscadas.

La madre miró por la ventana y vio al pequeño nuevo vecino que era de la edad de su hijo. Este, estaba esperando a que salieran. Se le veía algo nervioso a la vez que inquieto.

- Además – añadió ella – puedes invitar a ese nuevo amigo a merendar un poco de esta deliciosa tarta que estoy a punto de hornear.

El niño sonrió y salió corriendo en busca de ese, su nuevo vecino,  su nuevo amigo al que le dejaría su juguete más, más favorito.

La madre siguió cocinando su pastel. Pensando y recordando la de veces que había usado ese poder llamado confianza. La de veces que con él había ganado y también las que había fallado. Pero cómo en cada fallo había aprendido algo.

Y esa tarde, en la que su hijo intercambiaba juguetes con el nuevo vecino, en la que jugaban por primera vez y merendaban tarta de manzana, se convirtió en el comienzo de una larga y duradera amistad. Conocieron a mas gente y formaron un gran grupo de amigos. Pero la amistad de ellos era especial, una amistad en la que la confianza siempre fue el pilar que los sostenía; una amistad irrompible en la que con los ojos cerrados se fiaban del otro y como su madre le había dicho podían dejarse caer al vacío estando seguros de que él otro estaría ahí para sostenerle.

Y como siempre sucede, el tiempo continua con el tictac del reloj, el pasar de los años que guían nuestros cambios físicos; la adolescencia, la pubertad, la madurez y la vejez. Y ahí están, en esa última etapa de la  vida, dos buenos amigos que apostaron por la confianza un día. Y hoy por hoy en lugar de intercambiarse los juguetes, cada vez que se ven se intercambian el bastón que les ayudaba a sostenerse y así tener siempre, una mano amiga en la que apoyarse. Y por ahí juntos se pasean, confiando en cada paso que sus lentos pies dan al caminar agarrados a ese bastón, un bastón llamado confianza.

Dedicado a Dami,
espero que confiases en que tu cuento llegaría algún día. :)

domingo, 24 de julio de 2016

Carta. Circunstancia. Viaje.

Perdonar mi tardanza pero ha sido cosa de las circunstancias. Esas circunstancias cambiantes y delirantes que te hacen estar hoy aquí y mañana… quién sabe. Circunstancias que van y circunstancias que vienen, te envuelven, te cambian y a veces te dominan llegándote a controlar hasta que te das cuenta y dices – ¡Ey para! Que no era esto lo que yo buscaba. ¿Dónde se han quedado mis momentos y lugares, donde se escondieron mis caprichos y habilidades? ¿Dónde? ¿Dónde están mis viejos cuadernos escritos, mis hobbies y mi reloj del no-tiempo escondidos? Esas cosas que me gustaba hacer, como oler las rosas amarillas, meter el dedo en la mantequilla y mandar cartas llenas de poesía.- 

 Cartas. De cartas va la vida, cartas escritas por circunstancias vividas. Me gustaría tener una paloma y hacerla volar con mi carta atada a su patita. Hacerla volar y yo, volar con ella, una pequeña parte de mi iría en ella, lejos, o tal vez cerca, dependiendo del destino al que el propietario de la carta pertenezca. La gente ya no escribe cartas de verdad, de esas de papel, boli y silencio en el que pensar. Porque ahora mismo, es verdad que estoy callada, pero mis dedos saltan de tecla en tecla como piojos hacen de cabeza en cabeza, y al mis dedos saltar un sonido artificial dejan bajo sus huellas, clic, clac, clic, clac… el teclear de mis letras. Pero es verdad que así es como vosotros, “leyentes”, podéis acceder a mis cartas de una manera rápida. Aunque… calculando la tardanza de esta carta… os he de obligar a pensar que fue mandada atada en la pata de una paloma blanca, una paloma blanca que se perdió en su travesía y de ahí el problema de esta carta tan tardía. Pues pese a que las cartas van y vienen y el cartero se encarga de su recogida y su entrega final, nunca seremos conocedores del viaje y las aventuras que las cartas experimentan, pues nadie nunca nos las ha contado o me atrevería a decir que poca gente se ha parado a pensar en ellas; pobres cartas viajeras… De Perú a Bratislava, de Suiza a Sudáfrica, de Madrid a Valencia o de Marruecos a Inglaterra. Aviones que van, barcos que llegan, cartas que viajan e incluso se marean. Algunas cartas, cartas perdidas, son las más anheladas y sin embargo las cartas inesperadas, las más ilusionadas. Cartas de amor, de melancolía o de despedida. Cartas  escritas con distintas caligrafías, distintos colores o distintas melodías. Cartas que se acompañan de una circunstancia por la que fueron escritas, a veces se trata de una circunstancia especial, otras, obligada, esas cartas impuestas... Quién no se conmociona o emociona al recibir una carta. Y no me refiero a cartas de la luz, el gas o el agua, esas cartas, cartas falsas, son de las obligadas, obligadas a decir cuánto gastaste este mes y cuanto el mes que vienen tendrás que pagar de más; cartas no escritas sino prescritas.

Pero de lo que nosotros hablamos es de cartas de verdad. Y como iba diciendo, las circunstancias hicieron que mi carta, esta carta, tú carta, se retrasara; que mi paloma blanca se perdiera en la profundidades de un reloj de arena, un desierto, un oasis, una pradera. Viajó por todo el mundo batiendo sus alas, esquivando las nubes y las balas. Estuvo en la jungla de Cristal, en el Amazonas y en las Pirámides de Teotihuacán. Se baño en el mar Muerto y se posó en la mano de la Estatua de la Libertad. Se paró a descansar en una cafetería de la Venecia antigua. Se entretuvo con los niños y con las hojas de los arboles que comenzaban a caer. Se hizo a la mar amarrada al mástil de un barco pirata y durmió en la Sabana, sobre la cabeza de una alta jirafa. Y al día siguiente, por fin,  decidió llegar, tras un último batir de sus alas la carta consiguió entregar. Y aquí está.

 No os puedo pedir que os creáis el viaje que mi carta hizo, pero…. ¿Quién lo iba a desmentir? Solo os digo que todo eso pasó y de ahí a que la carta, tuviera que llegar hoy. Pensad que estuvo viajando por todo el planeta, atada a la patita de una blanca paloma, una paloma que decidió cambiar sus circunstancias y viajar, una paloma que le dio a sus alas el placer  de volar.


Y ahora, siéntate en una mesa, coge un papel o una servilleta, un boli, pluma o lapicero y ponte a escribir, aunque sea sobre la vida de un cenicero. No pasa nada si tu carta llega tarde, sólo pensaré que las circunstancias la embarcaron en un largo viaje.

sábado, 25 de junio de 2016

Amistad. Viaje. Eterno.

Sí.

Aquí estamos y esto es para ti.

Sí, no nos mires así…

Concéntrate, escucha y disfruta pues en realidad no tienes a donde escapar.

Porque por muy lejos que te quieras ir, por muchas millas que te quieras alejar y por muchos aviones con los que quieras huir… Nunca podrás escaquearte de nosotros.

Y es que ya sabes… así somos.

Una plaga de ruidosos, de alocados y escandalosos.

Unos arrastra-momentos, arrastra-selfies  y arrastra-cuentos.

Unos personajes con infinitas peculiaridades.

Unos caminantes de nuestras propias libertades.

Unos amarillos provenientes de distintos planetas.

Unos aventureros sin vergüenza y con maleta.

Una maleta llena de sonrisas, de pequeños detalles  y recuerdos inolvidables.

Y es que esta maleta de la que hablo tiene algo en especial, no se trata de una maleta cualquiera pues por mucho que la llenes de cosas, nunca va a pesar más. Y con lo de cosas… no me refiero a ropa, maquillaje, tacones o bisutería… sino a sentimientos, abrazos, miradas y cosquillas. Me refiero a nombres, a ciertas personas de colores. Me refiero a singularidades del pasado; palabras pronunciadas y gritos ahogados. Una maleta llena de grandes sueños realizados, amores infinitos, ideas locas y lágrimas compartidas. Una maleta que rebosa complicidad, compañerismo y confianza. Una maleta con un nombre, una maleta llamada: AMISTAD.

Por eso te digo que nunca te libraras de nosotros, pues vayas a donde vayas siempre nos llevarás contigo, en la maleta, ahí; justo ahí, al ladito del corazón. Y en esos momentos en los que te sientas algo triste o nostálgica, tan solo tienes que abrirla un poquito e impregnarte de nosotros, mirar esos grandes momentos y sentir nuestro abrazo desde lejos.

Ahora despliega tus alas y prepárate para el vuelo. Coge carrerilla y lánzate a lo desconocido. Deja que la emoción hierva tu sangre y la curiosidad marque tus pasos al caminar. Deja a ese, tu árbol de la vida, seguir creciendo y rozando el viento llegaras más lejos. Abre bien los ojos, pues tienes un mundo por delante,  un viaje impresionante.

Eso es la vida, un eterno viaje de ir y venir, de descubrir y recordar. Un viaje lleno de personas, de miradas y de palabras. Un viaje que merece la pena explorar, aprovechar y disfrutar. Y ese largo recorrido que forman los días de tu viaje son, en realidad, la leyenda de tu vida.

Un leyenda en la que nosotros, los arrastrados; los amarillos; tus amigos; siempre vamos a escribir y garabatear. Y seguiremos dibujando mundos de fantasia donde nos disfrazaremos de unicornios y batiremos la coca-cola con una cucharilla; gritaremos a la luna y saltaremos las olas del mar; bailaremos hasta el amanecer y nos reiremos hasta desacernos; y seguiremos teniendo eternas conversaciones, de esas, que parecen nunca acabar.

A si que nunca lo olvides, contigo siempre vamos a estar.

Y ya solo nos queda añadir:

Abre los ojos y lánzate a volar.
Dedicado a nuestra amarilla, arrastrada y amiga Sara :)